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Enfermedades profesionales

 

Josep Orritz Virós. Técnico en Prevención y Salud Laboral. Presidente de AEPSAL (Asociación de Especialistas en Prevención y Salud Laboral)

 

Diciembre de 2012 - Josep Orritz Virós. Técnico en Prevención y Salud Laboral. Presidente de AEPSAL (Asociación de Especialistas en Prevención y Salud Laboral)

 

El principal problema de las enfermedades profesionales en España es que se diagnostican muchas menos de las que se contraen. Ello es debido a dos causas principales, las dificultades legales para su reconocimiento y la falta de buena organización en las actividades preventivas. El tema se agrava por la posible aparición de nuevas enfermedades relacionadas con las nuevas tecnologías

 

 

Aspectos legales de las enfermedades profesionales

 

Para empezar, hay que destacar que es mucho más fácil tramitar y reconocer un accidente laboral que una enfermedad profesional.

 

Todo accidente se produce en pocos segundos, en todos ellos se puede establecer con facilidad una relación de causa-efecto en que el daño causado es consecuencia directa de una acción. Si a un trabajador le cae una caja en el pié, el daño causado será consecuencia de la caída de la caja.

 

En cambio, en una enfermedad profesional es difícil establecer esta relación de causa-efecto. Hay que demostrarlo, y no siempre es fácil. Un ambiente de trabajo ruidoso puede provocar sordera, pero también hay ruidos en la calle, y todas las personas pierden capacidad auditiva con la edad.

 

Otras cuestiones en las que no vamos a entrar hoy serían por qué se cayó la caja o si el trabajador llevaba zapatos con protecciones, en el caso del accidente, o si llevaba protectores auditivos en el caso de la sordera. Hoy nos centraremos en divulgar la problemática de las enfermedades profesionales.

 

En España existe una lista de enfermedades profesionales publicada en el Real Decreto 1299/2006. En esta lista se relacionan enfermedades con los agentes que las causan y con determinados trabajos, de forma que si en un puesto de trabajo se encuentra el agente causante de la enfermedad y el trabajador la contrae, la enfermedad se declara de origen profesional. Con las mejoras pertinentes para el trabajador en materia de seguridad social, y las sanciones que correspondan al empresario.

 

Por ejemplo, si en una industria cerámica, o en una mina, se encuentra libre en la atmósfera polvo de silicio, y un trabajador enferma de silicosis, la enfermedad se considera profesional. Ello supone un reconocimiento automático para el trabajador que la contrae y, también, un aviso al empresario de que debe tomar las oportunas medidas de seguridad, junto con la sanción correspondiente.

 

Como es evidente, este sistema de declaración como profesional de una enfermedad no es fácil ni ágil. Además, esta lista de enfermedades profesionales ha ido evolucionando en el tiempo, a remolque de avances médicos y científicos, por lo que, en consecuencia, no abarca todas las enfermedades que se pueden contraer en el trabajo.

 

Citaremos un ejemplo que evidencia el desfase entre la lista actual de enfermedades profesionales y la realidad actual. Entre las enfermedades declaradas provocadas por posturas forzadas y movimientos repetitivos, que constituyen el 78 por ciento del total, constan las enfermedades musculares de la muñeca para leñadores o zapateros, pero no para el uso diario del ratón del ordenador. Pocos leñadores y zapateros quedan, en comparación con las personas que usan ordenador.

 

Tampoco constan las enfermedades relacionadas con los riesgos psicosociales, como las causadas por el estrés

 

Para situaciones como ésta, la Administración aprobó en su día otra vía de declaración de una enfermedad como profesional, siguiendo las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo.

 

Esta vía está regulada en el artículo 115 de la Ley General de la Seguridad Social, que prevé que será enfermedad profesional cualquier enfermedad que se contraiga o se agrave por causa exclusiva del trabajo. Aunque en la vida real no va a ser nada fácil que se reconozca, habrá que demostrar, en muchas ocasiones ante el juez, que la enfermedad tiene su origen en el trabajo.

 

En España se diagnosticaron, en 2010, 18.186 enfermedades profesionales por el primer método y 10.042 por el segundo. Estas cifras dan una idea de lo poco operativa que resulta la primera vía, que debería ser la habitual.

Dicho esto, el problema existente con las enfermedades profesionales queda patente: se diagnostican muchas menos de las que se producen. La Administración (INSHT) ha calculado que se diagnostica como enfermedad profesional el 31 por ciento de las existentes.

 

 

¿A qué se puede deber el infradiagnóstico de las enfermedades profesionales?

 

Vista ya la causa legal y las estadísticas, vamos a profundizar hablando de situaciones reales. Intentaremos que las respuestas a esta pregunta también nos indiquen el camino a seguir para corregir este infradiagnóstico.

Queremos señalar como causa principal la falta de coordinación, dentro de los servicios de prevención de las empresas, entre los técnicos y los médicos que ejercen la vigilancia de la salud. Y también entre estos dos colectivos y los médicos de cabecera.

 

Por una parte, muy pocas empresas han asumido las cuatro especialidades de la prevención de riesgos laborales (la Ley obliga a asumir sólo dos a empresas de más de 500 trabajadores), sobre todo por el coste que supone la vigilancia de la salud, que la mayoría de empresas mantienen externalizada, con el consiguiente distanciamiento entre la vigilancia de la salud y la realidad laboral.

Por otra parte, hay que tener presente que los trabajadores tienden a ir a su médico de cabecera cuando se encuentran mal, en lugar de ir a su Mutua de Accidentes de Trabajo (MAT), ya que no han sufrido un accidente. Esta situación se ve favorecida porque el trabajador, en muchas ocasiones, no relaciona su enfermedad con su trabajo, ya que no siempre conoce los riesgos de su trabajo que pueden originar una enfermedad profesional.

 

Y cuando lo atiende el médico de cabecera, que no es especialista en Medicina del Trabajo, ni conoce el lugar de trabajo del paciente, simplemente lo atiende, sin desviarlo, en la mayoría de ocasiones, a su MAT.

 

A la típica pregunta "¿dónde le duele?", el médico debería que añadir otra: "¿de qué trabaja?".

 

En este sentido, consideramos muy importante que tanto el médico que ejerce la vigilancia de la salud, como el médico de cabecera puedan acceder con facilidad a la evaluación de riesgos laborales del puesto de trabajo del paciente.

Y también consideramos muy importante, dada la realidad actual, que los médicos de cabecera reciban formación propia de la Medicina del Trabajo, aunque en teoría, que no en la práctica, sea ajena a su especialidad.

 

Finalmente, también se debe señalar que no siempre las evaluaciones de riesgos laborales son todo lo correctas que deberían. Una de las causas son las presiones temporales que reciben los técnicos para su realización. Otra es la falta de colegios profesionales que puedan tutelar y controlar el buen hacer y la ética de los profesionales de la prevención, además de ayudarles a conseguir que realicen un trabajo de calidad y, sobretodo en la situación actual de la prevención en España, también se debería poder controlar que los servicios de prevención, dentro de los cuales deben ejercer obligatoriamente los técnicos, les permitan realizar correctamente su trabajo, sin presiones temporales relacionadas con la rentabilidad económica.

 

AEPSAL está trabajando en diferentes comunidades autónomas en la constitución de colegios profesionales. Hay que recordar que la competencia actual sobre colegios profesionales es autonómica, lo que dificulta aún más este proceso.

 

 

El avance tecnológico puede traer nuevas enfermedades profesionales

 

Una de las obligaciones de los prevencionistas es adelantarse a la aparición de nuevas enfermedades profesionales, ya que la prevención consiste, precisamente, en anticiparse para evitar el daño.

 

En este sentido, se debe tener en cuenta que el imparable avance tecnológico y el uso masivo de nuevas tecnologías  pueden causar nuevas enfermedades profesionales, y también no profesionales. Aunque es indudable que las nuevas tecnologías también aportan nuevas mejoras a la Medicina, como indicaremos al final de este artículo.

 

Pondremos los dos ejemplos más relevantes de prevención ante los posibles daños que pueden causar los avances tecnológicos.

 

El primero, las radiaciones no ionizantes de los teléfonos móviles.

No es hasta junio de 2011 que la Organización Mundial de la Salud (OMS) las relaciona con el cáncer, incluyéndolas en la categoría de "posible causante". La siguiente categoría es "probable causante". Es decir, hoy por hoy no se considera probable, sólo posible.

 

Aunque, según la OMS, en ninguna de las dos categorías hay evidencias de que se llegue a producir una neoplasia, desde ese momento en las evaluaciones de riesgos se puede y debe incluir este posible riesgo y también sus medidas correctoras, que ya indica la misma OMS (Alejar el teléfono dos centímetros de la cabeza o usar dispositivos de "manos libres").

 

Otro ejemplo son los nanomateriales, que cada vez se utilizan para fabricar más productos. El tema preocupa, y prueba de ello es que en julio de 2011 la Unión Europea (UE) licitó un estudio sobre los riesgos y medidas de control de los nanomateriales, así como la legislación que debería modificarse, por un importe de 280.000€. El plazo de ejecución del estudio finalizará en abril de 2013.

Hoy por hoy, la única medida conocida que puede ser efectiva es la instalación de barreras entre los nanomateriales y el personal que trabaja con ellos.

A nivel de población en general no debemos asustarnos. Según el Instituto de Nanociencia de Aragón en cada respiración se inhalan 10 millones de nanopartículas producidas en procesos naturales. Inocuos totalmente.

No son éstos los nanomateriales que pueden preocupar, sino los nuevos materiales sintetizados artificialmente en los laboratorios, cuyos posibles efectos adversos para las personas son desconocidos, y que son el objeto del estudio mencionado de la UE.

Para saber más sobre el tema, y también sobre los usos y aplicaciones de los nanomateriales, se puede visitar la web del Instituto de Nanociencia de Aragón (INA)  http://ina.unizar.es.

Para finalizar, citaremos algunas de las posibles aplicaciones médicas de los nanomateriales que constan en la web del INA:

• En terapia se trabaja en mejorar el tratamiento del cáncer con hipertermia magnética.

• Las nanopartículas se pueden utilizar también como vehículo para silenciar o sobreexpresar genes en determinadas células. A la larga se podría aplicar en distintas enfermedades para terapia génica.

• Investigamos también en el campo de los biomateriales para regeneración tisular, optimizando las interacciones célula-superficie y mejorando la biocompatibilidad de los materiales.

• En el campo del diagnóstico se trabaja en sensores y biosensores para controlar parámetros como el colesterol y la glucosa, sensores magnéticos de flujo lateral para detectar el virus de la gripe, permitiendo un diagnóstico rápido y con alta sensibilidad. También sensores para cuantificar la hormona del embarazo.

• Se investiga en mejorar los agentes de contraste para Imagen Resonancia Magnética (MRI), de alto interés para llegar a optimizar la prueba de diagnóstico".

 

 

Fuente:elmedicointeractivo.es

 

 

 

 

www.periciamedica.es

   

 

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